jueves, 5 de febrero de 2026

La divulgación de la ciencia y la tecnología


En la década de los 80´s del siglo XX tuvieron lugar los primeros esfuerzos institucionales por responder a la necesidad de ordenar las experiencias de divulgación de la tecnología y de la ciencia en nuestro país, conforme a la idea fundamental de acercar el conocimiento especializado a las mayorías, mediante ejercicios de comunicación educativa. Se sabía desde entonces que los miembros de asociaciones o instituciones científicas o técnicas habían encontrado en los periódicos el vehículo casi único para llevar a la práctica el ideal de socializar el conocimiento; aunque esto se hacía sin un orden o plan predefinido y, más bien, respondía en buena dosis a empiria y espontaneidad, que hacían azarosos los bien intencionados ánimos de divulgación.
Esencialmente, en una de las primeras aproximaciones al tema, bajo los auspicios del Consejo del Sistema Nacional de Educación Tecnológica (SEP.COSNET, “Experiencias de la divulgación de tecnología y ciencia en México”, 1986) se afirmaba que con mayor seguridad a partir de los años 50´s podía rastrearse la existencia de antecedentes sobre la tarea divulgadora del conocimiento especializado —en clave democrática, universal, popular, social o transformadora, como se le ha adjetivado a lo largo de medio siglo— y más allá de acciones comunes o circunstanciales de difusión colectiva pensadas en la amplitud de los mass media (radio, cine y televisión, en esa época; y los de la era digital y la inteligencia artificial que se suman hoy día).
En efecto, los anexos del estudio global citado registraban la información siguiente en nuestro país: 107 publicaciones de divulgación y especializadas en el periodo de 1800 a 1950; 22 publicaciones científicas y técnicas de divulgación entre 1800 y 1950; 89 publicaciones especializadas entre 1950 y 1985; 18 fichas técnicas de programas de T.V., con fechas de emisión en 1985; 6 fichas técnicas de programas de radio, con fechas de transmisión de 1985; 19 publicaciones provenientes de instituciones (13) y universidades públicas (6), y una universidad privada, que poseían contenidos de ciencia y tecnología en sus materiales de divulgación; 135 instituciones públicas distribuidas de forma asimétrica en 31 estados de la república, que poseían contenidos de ciencia y tecnología en sus materiales de divulgación.
En el intento por sistematizar las experiencias de ampliación del saber especializado hacia la sociedad, se apreciaba la necesidad de recurrir a una teoría sobre la Comunicación Educativa —campo común de la teoría de la Educación y de la teoría de la Comunicación— para resolver implicaciones como los de la definición del propio concepto de divulgación, para comprender la proyección de la ciencia y la tecnología —que desde entonces y hasta hoy vive un alto grado de autonomización respecto de cualquier acción de control social— y su impacto en la vida colectiva, productiva, política y cultural, tanto en el nivel nacional como subnacional, incluyendo los espacios comunitarios de lo doméstico y lo cotidiano. 
La divulgación científica y tecnológica nació como tarea de investigadores con vocación hacia procesos civilizadores progresistas (versión idealista); y, en otro extremo, se le ha contextualizado en el marco de una ancha secuela de fenómenos de comunicación política resultantes del empoderamiento de monopolios internacionales de producción del conocimiento, con fines económico-comerciales de costo-beneficio (versión realista). 
Mucha especie ha corrido en los último cuarenta años, atribuyendo como características inherentes a la divulgación científico-técnica, las siguientes: (a) su función principal es extender, repartir o difundir los contenidos y logros de la ciencia a la mayoría de la población; (b) se ubica en la lógica del abordaje del conocimiento en los sistemas educativos formales, por un lado, y en la forma en que sucede en las experiencias de educación no formal e informal, por otro; (c) evita las restricciones del lenguaje científico y prefiere contenidos más cercanos al empleo del habla común, comprensible para los no especialistas; (d) aunque no tiene un público definido, sí atiende al perfil medio de la escolaridad de sus receptores potenciales; y, (e) más que un acto de comunicación, se le observa como un acto de información.
En un recientísimo número de la revista Otros diálogos (Las dos caras de Minerva: ciencia y divulgación, El Colegio de México, n° 34, Enero-Marzo 2026, de consulta libre en: https://otrosdialogos.colmex.mx/), especialmente creada en 2017 para la divulgación de las ciencias sociales y humanidades, se hace un merecido reconocimiento a la trayectoria emblemática de la astrofísica mexicana Julieta Fierro, “la estrella más brillante en el universo de la ciencia y su divulgación” para el público mexicano en general, admirada y reconocida en el extranjero, con gran cantidad de títulos y premios por sus aportes en el ámbito de la comunicación científica.
Y también puede leerse, en los entreforros de este dossier, la participación de profesores investigadores —de nombres y colaboraciones ahí visibles para mejor consulta, en abono de espacio— cuyas aportaciones encuentran ilación y congruencia con las apuntadas hace cuarenta años, que se confirman o deducen fundadamente de ejercicios actuales de divulgación, a saber: (a) las universidades son las principales instituciones productoras de conocimiento; (b) la labor divulgadora contribuye a la formación de una opinión social crítica y alienta la participación ciudadana; (c) los espacios públicos de divulgación viven un concurso más intenso de disciplinas diversas; (d) los sitios e instrumentos de divulgación se han multiplicado: desde los mass media, escritos y electrónicos, a las publicaciones en prosa o noveladas, conjuntamente con series animadas, exposiciones, cursos, museos y espacios culturales de todo orden; y, (e) el periodismo de ciencia sigue siendo una alternativa real para difundir y dar a conocer avances o hallazgos científicos relevantes en contextos sociales amplios, donde la fuente de lo periodístico es la información científica y tecnológica susceptible de traducirse en un lenguaje llano asequible al habla del ciudadano medio, pero no sólo de incorporación ágil por su calidad de contenidos de cultura general, sino por su posibilidad de contribuir efectivamente a la comprensión del entorno social en que nos desarrollamos, para una convivencia pacífica, colectivamente útil y que logre informar las decisiones de orden público en que participamos todas las personas en calidad de ciudadanía responsable. Bienvenida siempre la divulgación de la ciencia y la tecnología.


La divulgación de la ciencia y la tecnología

En la década de los 80´s del siglo XX tuvieron lugar los primeros esfuerzos institucionales por responder a la necesidad de ordenar las expe...