lunes, 17 de mayo de 2021

Diez de mayo

 Conmemorativa del festivo anual a las mujeres que son madres en nuestro país, la fecha connota un significado más fuerte y hondo que aquel que se publicita en el marketing que responde a intereses comerciales de todo tipo, entiéndase venta de objetos en forma de regalos y consumos de servicios a manera de festejo. Por supuesto, aunque la conmemoración cambia de fecha en todo el mundo, la maternidad es motivo de reconocimiento mundial. ¿Qué significa ser madre? La respuesta es compleja porque encierra un significado amplio en el tiempo y en las diversas sociedades, preñado de aspectos mitológicos, religiosos, antropológicos, históricos, psicológicos y, en nuestra contemporaneidad, de elementos socioeconómicos y jurídicos evidentes. Todo ello porta y comporta una mujer cuando es madre; y no podía ser de otra forma, porque llevar la vida y darla sigue siendo un hecho asombroso que la biología sólo ha podido describir, pero no explicar. Y claro, para quienes somos padres es un misterio maravilloso.

En la mitología griega, comenta Garibay, Rea es la madre original y su hija Hera es madre de dioses. En numerosas religiones, la madre tiene un carácter divino y sólo habría que dirigir la mirada al catolicismo, con María la madre de Jesús. Los antropólogos, sobre todo, han abundado en el estudio de culturas primitivas y complejas donde la madre se equipara con la tierra, porque de la semilla que se siembra en ella nace el fruto de vida. Historiadores, como González y González, escriben sobre el concepto patria; pero también sobre el concepto matria, como el terruño originario donde nacemos e improntamos sentimientos e ideas, porque es el lugar o tierra madre con la que identificamos nuestra historicidad. Para Freud, en la relación madre-hijo hay una muy estrecha conexión soportada en una correspondencia instintivo-amorosa, que marca para siempre la personalidad adulta.

Hoy día la mujer ya no sólo es madre, también es pareja con derechos, jefa de familia o sostén de la misma, porque es una persona productiva como resultado del trabajo que realiza con su propia fuerza y capacidades, sea en un entorno netamente familiar o en uno solamente laboral, porque cada vez con mayor frecuencia la mujer que es madre también trabaja y, en ese papel, pesa sobre sus espaldas la unidad de la familia. Jurídicamente, es indistinto si la mujer que es madre tiene empleo o no, dado que las leyes y los jueces hace buen rato que han reconocido, indiscutiblemente, que el trabajo de la mujer como madre y ama de casa tiene tanto valor como el que desempeña en una unidad económica con resultados salariales. En términos macrosociales, organismos internacionales han establecido el Día Internacional de la Mujer Trabajadora o Día Internacional de la Mujer, que se celebra el 8 de marzo, y desde 1978 la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) proclamó esa misma fecha como Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional. Y uno de los derechos, reconocimiento y capacidades fundamentales que sobresalientemente se atribuye a las mujeres, es su derecho a ser madres, así como a planificar su libre elección para decidir el número de hijos que desea tener y su espaciamiento. Ser madre siempre va a ser un hecho vital extraordinario, de celebración universal, que debiera ser no sólo periódico, sino permanente.

viernes, 14 de mayo de 2021

Primero y Cinco de Mayo

Mayo es de conmemoraciones significativas para nuestro país, casi tanto como septiembre. De original cuño socialista, el 1° de mayo se festeja como el día internacional del trabajo o de los trabajadores, representativo de la contradicción de intereses entre Capital y Trabajo, hoy día de renovada expresión dada la extensión del concepto “obrero” a todo “asalariado”, o viceversa, que tiene significativos antecedentes seglares impregnados de violencia: el luddismo o destrucción de las máquinas por los obreros ingleses desplazados de las fábricas, con su punto culminante en 1811-1812; el cartismo (Carta del Pueblo, 1837) o petición política de los obreros a la Cámara de los Comunes inglesa, por derechos de sufragio, pago justo y representación política; las revoluciones socialistas europeas de 1848, iniciadas en Francia, que provocaron la caída de varias monarquías, aunque de duración efímera; y la simbólicamente histórica muerte de los Mártires de Chicago, que iniciaron su huelga el 1° de mayo de 1886. Estos hechos provocaron, en 1889, la institucionalización internacional del 1° de mayo; pero, en curiosa dialéctica, sólo en Estados Unidos -y Canadá- no se festeja en esa fecha, sino el 1° de septiembre. Actualmente, la manifestación de obreros o asalariados ha cobrado nuevos bríos, frente al fenómeno general de empobrecimiento e, incluso, depauperación de los asalariados de todas latitudes, particularmente cierto en América Latina, frente a los fenómenos de neoliberalismo y globalización que desde fines de los 80´s del siglo XX, han generado una concentración desigual de la riqueza, sin precedentes relativos ni absolutos en la historia mundial.

En cambio, el 5 de mayo es muy nuestro y muy festejado, con justificada razón histórica. El enfrentamiento de liberales y conservadores durante la década de 1850´s, con proyectos políticos de nación irreconciliables, la expedición de la Constitución del ´57, las diversas revueltas que antes y después de esta fecha produjeron la división de los Estados y del país, y la inmediata Guerra de Tres Años, tuvo como resultado el triunfo del ala liberal, con Juárez a la cabeza del gobierno federal y la plena aplicación de las Leyes de Reforma, promulgadas desde 1859. Con una hacienda pública exhausta, Juárez suspendió el pago de la deuda a usureros británicos, españoles y franceses. El emperador de este último país, Napoleón III, animado por monarquistas mexicanos residentes en Europa, pretextó la ausencia de pagos para realizar la intervención armada en nuestro país, acompañado de británicos y españoles, aunque estos dos últimos fueron convencidos por el ministro Manuel Doblado, en el puerto de Veracruz, de que la falta de pago era temporal. El 17 de abril de 1862 los franceses invadieron, avanzaron y el 4 y 5 de mayo el conde Lorencez era derrotado por Zaragoza; pocos años adelante, llegaría la derrota definitiva del ejército francés y muerte de Maximiliano en 1867. Aunque esto lo sabemos los mexicanos, menos conocida es la convicción de nuestros historiadores de que, antes de estos hechos, la disputa o desunión internas habían impedido alcanzar la constitución de nuestro ser nacional, y que después de medio siglo de incertidumbres e indecisiones, el verdadero triunfo fue que el 5 de mayo detonó la unión del sentimiento colectivo de mexicanidad con la idea social de nación. En la victoria, Zaragoza informó vía telégrafo al presidente Juárez: “Las armas nacionales se han cubierto de gloria”. Indudablemente, así fue.

jueves, 29 de abril de 2021

Elecciones 2021 y pandemia

 De frente a la jornada electoral del próximo 6 de junio de este año, el volumen de cargos en disputa involucra, con diverso grado, a los 32 estados de la república: 500 diputaciones federales (300 de mayoría y 200 plurinominales); 21,383 cargos en 30 estados y municipios; 15 gubernaturas; 1,063 diputados locales de 30 congresos estatales; 1,926 ayuntamientos y juntas municipales, con sus correspondientes ediles. Además, dado la tasa positiva de crecimiento demográfico de nuestro país, todas las cifras correspondientes al padrón electoral y a la instalación de casillas de votación seguirá siendo histórica: 94,800,000 votantes y 161,000 casillas. Antes de la jornada electoral, habremos tenido licencias, precampañas, postulaciones, campañas francas, propaganda, elecciones, impugnaciones y, por supuesto, después de la propia jornada, judicialización ante la máxima instancia jurisdiccional en materia electoral. No cabe duda de que será, primero, un procedimiento (administrativo) desde la óptica del INE y, después, un proceso (jurisdiccional) desde el mirador de los tribunales electorales, en ambos casos extremadamente amplio y complejo.     

Lo novedoso será el ejercicio del voto “electrónico” en 10 entidades, donde se instrumentará esta modalidad para mexicanos que residen en el extranjero; también la elección extraordinaria de una senaduría; al tiempo de la aplicación, por primera vez, de las reglas que autorizan la reelección en candidaturas para diputaciones federales; todo, en el contexto de la pandemia por Covid-19 que no se sabe cómo impactará en la emisión del sufragio, sencillamente porque es una situación o variable externa de efectos desconocidos, no controlable y, por ello, sin posibilidades de predictibilidad cierta de sus efectos en el conjunto de las elecciones, no obstante la estimación de que el ritmo de contagio-muerte habrá descendido significativamente -aunque no desaparecido- y seguirán vigentes las medidas sanitarias. El mejor referente comparado respecto de las medidas que se podrían adoptar para dar seguridad sanitaria y certeza de sufragio, a los millones de votantes que actuarán en estos procesos comiciales en todas sus categorías o calidades (electores, candidatos, funcionarios electorales), se tiene en la multitudinaria experiencia de atención a la poblacional con motivo del proceso de vacunación que actualmente se practica en todo el país. No son procedimientos idénticos, pero si análogos y, de cualquier forma, no existen otros ejemplos semejantes con esos volúmenes de población implicada, porque ambos tienen el carácter de encuestas generales dirigidas a todo el universo poblacional, sin posibilidad alguna de muestras específicas. El otro único procedimiento con objetivos de cobertura universal que se ha practicado, recientemente, es el censo general de población del año 2020 -preparado, levantado y concluido en tiempos tanto pre-pandémicos como pandémicos- pero de ninguna manera su metodología, visita domiciliaria, desahogo y término es equiparable con los propósitos de un proceso electoral. La variable del abstencionismo dificultará aún más las posibilidades de dimensionar los efectos de la pandemia mundial, sabido el dato empírico de la tendencia a una menor concurrencia de votantes en los procesos electorales denominados intermedios (cuando no hay elecciones presidenciales), que a su vez vivirán la concurrencia de elecciones locales completas (gubernaturas, congresos y ayuntamientos) que, en la hipótesis, moderarían el efecto del abstencionismo tradicional, como se ha venido comentando muy recientemente. Ya pronto saldremos de dudas.

jueves, 18 de marzo de 2021

Juárez, siempre Juárez

El 21 de marzo se conmemora el natalicio de Benito Juárez, cuyo papel en la formación del Estado mexicano es innegable. Sea en las versiones de los hombres de su tiempo o en las de nuestros contemporáneos, unos y otros reconocen, con pasión o sin ella, su legado político y jurídico, así como su indiscutible lugar en la historia nacional. Su papel central y decisivo produjo el alumbramiento del Estado nacional mexicano, antecedido por un tortuoso y largo proceso de gestación iniciado en 1808-1810, como lo apunta Reyes Heroles en su estudio sobre el liberalismo mexicano. Las armas de Juárez fueron la Constitución de 1857, las Leyes de Reforma y una generación de notables pensadores y militares acaudillados por él, que tenían muy clara la convicción de que la prueba histórica que debían afrontar era ideológica y armada. Eso fueron la Guerra de Reforma (1858-1861) y la intervención imperial francesa (1862-1867). 

Los correligionarios de Juárez fueron Ignacio Ramírez, Santos Degollado, Ignacio Manuel Altamirano, Vallarta, De la Fuente, Iglesias, Zamacona y, por supuesto, Guillermo Prieto, Miguel y Sebastián Lerdo de Tejada, y Melchor Ocampo. Krauze los llama “hombres soberbiamente independientes” y da cuenta de la expresión que don Antonio Caso usara para aludir a ellos: “parecían gigantes”. Juárez buscó y ejerció el poder por la vía constitucional, y la muerte le ¿impidió? hacerlo de otra forma como algunos han apuntado. Nació en 1806 y ningún otro héroe, prócer o personaje de la historia nacional tiene esa semblanza admirable y sorprendente que proviene de su condición étnica, orfandad, marginalidad familiar, esfuerzo personal, educación, carácter y circunstancia histórica, coronando una biografía que ha sido gloriada desde el mismo día de su muerte, la noche del 18 de julio de 1872, hasta nuestros días. Zapoteco, pastor de ovejas, estudiante de jurisprudencia (abogado), litigante, regidor, diputado local, diputado federal, servidor público, fiscal del Tribunal Superior de Justicia de Oaxaca, cogobernante de su Estado (en el triunvirato interino de 1846), gobernador, ministro, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, preso político y Presidente de la República. Tremenda biografía. 

Sería en su último discurso como Gobernador del Estado de Oaxaca, en 1852, en la apertura del primer período de sesiones ordinarias de la X Legislatura del Estado, que sentenciaría: “Bajo el sistema federativo los funcionarios públicos no pueden disponer de las rentas sin responsabilidad; no pueden gobernar a impulsos de una voluntad caprichosa, sino con sujeción a las leyes; no pueden improvisar fortunas ni entregarse al ocio y a la disipación, sino consagrarse asiduamente al trabajo, resignándose a vivir en la honrosa medianía que proporciona la retribución que la ley haya señalado”; oración, esta última, que reiteradamente es invocada en alusión a lo que consideraba la responsabilidad en el trabajo público. Juárez vivió sus ideas a cabalidad. Liberal, laico, estoico en su convicción por la ley, serio en el ejercicio del poder y adusto en su persona. El propio Krauze dice que Juárez infundió a la silla presidencial la “sacralidad de una monarquía indígena con formas legales, constitucionales y republicanas”. Fuentes Aguirre (Catón) afirma que el mayor acierto de ese “hombre indomable” fue mantener la Presidencia durante la invasión francesa, y da un comentario final respecto del cual prefiero asilarme en la más humana valoración de lo que puede decirse de todo hombre y toda mujer de esfuerzos y convicciones probadas en el curso de sus vidas: a las personas hay que valorarlas, apreciarlas y medirlas por el saldo positivo de vida que resulta de la suma de la grandeza de sus aciertos. Nunca se equivoca, el que nunca hace nada, y Juárez hizo mucho.

jueves, 11 de febrero de 2021

Partidos políticos y representación política III

 El concepto político-constitucional de “partido político” y su condición de ente de interés público, es una hipótesis fundamental, hoy día, generalizada en el mundo occidental, conforme al supuesto material del reconocimiento de la necesidad de su existencia, como canal o conducto para posibilitar la participación política de los ciudadanos, mediante formas estatutarias para organizar su agrupamiento, y disfrutar de prerrogativas estaduales para cumplir el propósito último de acceder al ejercicio del poder político. Por supuesto, la teoría sobre el qué, se confronta con la realidad del cómo; en particular cuando del examen de la legalidad se pasa al plano de la legitimidad

Bobbio ha explicado que la presencia de partidos de masas desde principios del siglo XX, su acelerada expansión en el medio siglo inmediato, y su coexistencia, a la vez, con partidos pequeños, llevó a la acuñación del término “partidocracia” para significar: a) gobierno de los partidos, b) el dominio verdadero de los partidos, y c) la expansión de las expectativas de dominio de los partidos. En efecto, la realidad de la mayor o menor capacidad de los partidos para influir, persuadir o convencer, los hace desbordar su indudable carácter clientelar e intermediar o penetrar en la sociedad -o sociedades- conformada (s) por auténticas masas de ciudadanos o votantes. Su naturaleza, a querer o no, es expansiva y de ahí la necesidad de consolidarse como auténticos partidos de integración social, en la medida que logran ser portadores de demandas sociales y políticas.

Para alcanzar estas expectativas, el financiamiento público se ha vuelto no sólo crucial, sino estructural, en las tareas de sostener y desplegar acciones de competitividad ante situaciones de conservación o alternancia del poder. Por supuesto, a lo anterior hay que añadir aspectos como el liderazgo y el profesionalismo partidario, que son elementos de oportunidad y cultura política, cuestión que ya Weber había observado casi con alcances proféticos.

Al caso, resulta ilustrativo el espectáculo cívico de debate y participación democrática al que pudimos asistir en forma remota, pero instantánea, con motivo de las recientes elecciones presidenciales y congresionales en los Estados Unidos de América, con su método instrumental de elección indirecta (voto colegiado), en un ambiente de confrontación abierta, contestataria y opositora entre los partidos políticos históricos de ese país, con los resultados y consecuencias ya observados: alternancia en la oficina oval y juicio político para el presidente-candidato perdedor.

En contraparte o, si se quiere, en el otro extremo, adquiere necesidad práctica y conceptual la noción de “participación política”, porque, como lo afirma Sani, con ella se quiere designar una variedad de términos y situaciones: emisión del voto, militancia, agrupación, apoyo, campaña, dirigencia, información… Y se puede tratar como contraparte o extremo si se entiende que el partido político nace de la participación política y, por el sortilegio de la búsqueda del poder legal y legítimo, simultáneamente tiene a la participación política como propósito. Fin.

jueves, 4 de febrero de 2021

Partidos políticos y representación política II

La idea de la representación política, como moderno mecanismo de delegación colectiva de la capacidad de decisión de los ciudadanos, predominantemente en los campos legislativo o ejecutivo, desde el siglo XIX y, después, de manera más extendida en el XX, actualizó la inicial existencia pragmática de clubes, facciones, secciones o “partidos”, con siglas bajo las cuales se agrupaban correligionarios de ideas semejantes, acordes con su extracción social o ideario político (Ostrogorsky, Michells, Weber, Duverger). La voluntad popular fue, entonces, intermediada por agrupaciones de cuño político, incorporadas funcional y estructuralmente en la renovación de órganos estatales, mediante procesos electorales de variada amplitud nacional o subnacional. Sobre todo la formación de asambleas políticas -parlamentos en Europa, congresos en América- depositarias de facultades legislativas, presupuestarias, de control o de gestión, en cuyo seno se organizaron grupos parlamentarios o legislativos desde fines del siglo XVIII, generó una doble hipótesis: o los grupos legislativos son el antecedente más genuino de los partidos políticos; o, a la inversa, el partido político es de existencia previa y externa a las asambleas deliberativas y, por tanto, dadas sus tareas de unificación de intereses grupales, son el antecedente directo de los grupos parlamentarios (Panebianco).

En todo caso, desde Bentham a principios del siglo XIX, hasta Duverger a mediados del siglo XX, nadie discute ya que entre el partido político y el grupo parlamentario existe una relación fiduciaria de identidad, extensión, mando y obediencia, para expresar posiciones políticas de apoyo o confrontación con los gobiernos instituidos (Duarte Rivas). El partido político expresaría, así, y sería, también, una entidad mediatizadora de la voluntad o soberanía popular para lograr, mediante ejercicios electorales periódicos: a) la constitución de asambleas políticas depositarias del poder público de hacer leyes; y, b) la designación de gobernantes, con unidad de mando y capacidades ejecutivas o administrativas. La actual existencia de candidaturas independientes sin partido no altera el paradigma antes esbozado, porque el tipo de requerimientos que se piden a quienes desean contender en comicios nacionales o locales exige, en la práctica, una suerte de actos y procedimientos que se parecen mucho a los de orden organizacional que realizan los partidos políticos (Woldenberg). Dicho de otro modo, no produce la sustitución, contrapeso o extinción de los partidos políticos; antes bien, sitúa a los candidatos independientes en franca desventaja ante cualquier candidato de algún partido político. ¿Qué es entonces un partido político y qué papel juega en la formación de la representación política? Además del enfoque sociológico de Duverger, tanto Von Beyme como Panebianco son coincidentes en conceptualizar a los partidos políticos como verdaderos entes o sujetos públicos de interés general. Ejemplo contemporáneo de esto se encuentra, entre nosotros, en el artículo 41, fracción I, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que textualmente establece: “Los partidos políticos son entidades de interés público… [y]…tienen como fin promover la participación del pueblo en la vida democrática, fomentar el principio de paridad de género, contribuir a la integración de los órganos de representación política, y como organizaciones ciudadanas, hacer posible su acceso al ejercicio del poder público…” Seguiremos…

jueves, 21 de enero de 2021

Partidos políticos y representación política

 La teoría y praxis de la representación política es un producto histórico del periodo o era conocido como Modernidad; concretamente, del pensamiento de la Ilustración y del  enciclopedismo, cuyas líneas maestras de orden ideológico se incorporaron en el constitucionalismo revolucionario americano y francés del último cuarto del siglo XVIII, para nutrir el modelo jurídico-político en el que se sustentó el parlamentarismo de “oro” de todo el siglo XIX, su “hiperracionalización” (Guetzevich) y la contraparte del crecimiento desmesurado de los Ejecutivos (Valls y Matute), de cuya esfera se desprendieron las concepciones y procedimientos de las instituciones electorales que orbitaron -y orbitan- en torno al paradigma de la representación política de carácter republicano y democrático, con sujeción a normas jurídicas primarias y secundarias (Hart).

En la época Premoderna –Antigüedad y Medioevo- la representación política no tuvo sustantividad, aunque sí existencia marginal, no obstante la vulgarización del monopolio eclesiástico católico, en la forma de una Biblia libremente interpretada y escrita en las lenguas nativas europeas, y el propio discurso transformista del Renacimiento que, al retomar el conocimiento de la cultura greco-romana antigua, dejó de ver a Dios como la fuente del poder político y trasladó ese atributo al ser humano. El hombre volvió a ser la medida de todas las cosas (el antropocentrismo de Protágoras): artísticas, científicas o políticas. Por supuesto, existen atisbos de representación comunitaria o estamental en instituciones medievales, como la curia regis (un tipo de asamblea) y su forma parlamentaria desarrollada en Inglaterra desde el siglo XI (Gamas Torruco), o los municipios de base romano germánica en España, sobre todo durante el siglo XV, atareados en la empresa de la Reconquista de la península (Sánchez Albornoz).

Empero, indiscutiblemente la ruptura histórica entre la fase Premoderna y la Modernidad se da en el siglo XVIII, cuando se invierte la concepción sobre la fuente de la soberanía, que de estar depositada en un monarca absoluto, se traslada al pueblo, con base en la idea comunitaria del poder que aportó el constitucionalismo católico del Medioevo, aunada a la construcción de un ideario político ideológico centrado en la idea de: a) La división de poderes (Montesquieu); b) La voluntad popular y el contrato social (Rousseau); y, c) La representación política del pueblo (Sieyès), éste último fuente originaria de la soberanía de la Nación, juridizada en el instrumento político denominado Constitución.

La comparativa entre el ejercicio de democracia directa de la Grecia antigua de hace 2500 años, circunscrita poblacional y políticamente a un territorio definido, y la democracia representativa como exigencia de una geografía y demografía amplias, de proporciones nacionales hoy día, dio como resultado, a la vez, a la sustitución del mandato imperativo por la del mandato representativo (Cabo de la Vega) y, entonces, magistrados y diputados dejaban de ser simples mandatarios para ser representantes. La primera circunstancia impedía cualquier compromiso de los mandatarios a nombre de un colectivo político; la segunda, respondía a la delegación de la decisión y, por tanto, a la asunción de facultades plenas para representar y resolver a nombre de los representados. Seguiremos…

La divulgación de la ciencia y la tecnología

En la década de los 80´s del siglo XX tuvieron lugar los primeros esfuerzos institucionales por responder a la necesidad de ordenar las expe...